Este protocolo se aplica a pacientes con fiebre amarilla que no presentan características de enfermedad grave y son aptos para manejo en régimen ambulatorio. El enfoque hace hincapié en cuidados de soporte estructurados con puntos de monitorización claros y medibles.
La fiebre amarilla no grave describe a pacientes que no presentan características de enfermedad grave y pueden ser manejados de forma segura en régimen ambulatorio. La identificación correcta de este grupo es el requisito previo para aplicar este protocolo.
El manejo se centra en una estrategia protocolizada de líquidos orales — seguimiento estructurado de la ingesta con participación activa del cuidador — combinada con un régimen analgésico y antipirético apropiado para esta enfermedad. El protocolo especifica metamizol (dipirona) para el manejo del dolor y la fiebre en esta población.
Una ingesta adecuada de líquidos orales debe resultar en una micción de al menos cuatro a seis veces al día — un punto final claro y observable para evaluar el estado de hidratación en el entorno ambulatorio.