Este protocolo se aplica a pacientes con fístula anorrectal clasificada como compleja, una categoría que conlleva un riesgo significativo para la función esfinteriana y requiere una estrategia quirúrgica cuidadosamente escalonada.
Las fístulas anales complejas incluyen las fístulas transesfinterianas que comprometen más del 30% del esfínter externo, las fístulas supraesfinterianas, extraesfinterianas y en herradura. Las fístulas que se presentan en el contexto de incontinencia fecal preexistente o diarrea crónica también se clasifican como complejas, ya que estas comorbilidades aumentan el riesgo de alteración de la continencia en el postoperatorio.
El manejo inicial se centra en controlar la sepsis local. El enfoque estructurado comienza con una técnica quirúrgica específica para abordar el proceso séptico agudo; la erradicación definitiva de la fístula se realiza de forma planificada y escalonada.